Previamente a la lectura de esta entrada os planteamos una pregunta; ¿sabrías definir en tus propias palabras la palabra “MIEDO”? Os dejamos unos segundos para que lo penséis… ¿ya?

Partiendo de esa base y en función de la definición que has dado, ¿crees que encajaría en la descripción de la palabra “DOLOR”?

Probablemente os hayan venido a la cabeza palabras como “sensación desagradable”, “experiencia incómoda” o expresiones similares para intentar definirlo; pues bien, según la IASP (en inglés, Asociación Internacional para el Estudio del Dolor), se define como:
➔ Experiencia sensorial o emocional desagradable asociada a un daño real o potencial en un tejido, o descrito en términos de dicho daño.

También es conocido por todo el mundo que hay dos tipos de dolor en función de su persistencia en el tiempo y es el dolor agudo que actúa como una señal de alarma ante un daño inminente y el dolor crónico que persiste en el tiempo a partir de un periodo de 3-6 meses.

Pues bien, hoy nos vamos a quedar con el dolor crónico, su forma de actuación en el cuerpo y la mejor manera o estrategia de combatirlo.

¿Qué es el dolor crónico?

Este tipo de dolor es un problema multifactorial que incluye componentes físicos, psicológicos, movilidad reducida, alteraciones del sueño, estrés y muy importante la educación o conocimiento que tenemos acerca del dolor por las experiencias vividas con anterioridad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce este tipo de dolor como una problema de salud mundial cuya prevalencia está aumentando exponencialmente (en torno al 25-30 % de la población europea). Así pues, el especialista que sea capaz de reconocer este tipo de dolor debe conocer que es multifactorial y que supone desarrollar los planes de tratamiento sobre una buena comunicación médico-paciente y con objetivos acordados mutuamente individualizando el tratamiento a cada individuo considerando características de su dolor, necesidades físicas y psicosociales.

Uno de los problemas de la actualidad con este tema es que se sabe que hay un tipo de dolor que no se corresponde con una lesión real o potencial de la que haya que protegerse, sino que existe una alteración de los mecanismos de información del dolor.El sistema nervioso es una red eléctrica que envía y recibe información constantemente y que en ocasiones se asocian miedos, creencias o componentes cognitivos que provocan cambios en el sistema nervioso y no responden bien a ese tipo de información.

Para hacerlo un poco más visible pondremos un ejemplo práctico:

– Cuando una alarma de una casa se activa porque alguien ha entrado a robar (estímulo doloroso que llega al cerebro), sigue sonando hasta que alguien la desactiva porque se ha resuelto el peligro (respuesta normal frente al dolor).

→ Sería ilógico que esa alarma siguiese sonando si el peligro ya ha pasado ¿no?, pues es lo que pasa en el dolor crónico; el cerebro interpreta una señal que activa un tipo de estímulo, pero una vez que ese estímulo ha desaparecido, sigue activada y se sigue representando como dolor en el cuerpo pese a que ya no tiene por qué.
En este punto sería aconsejable que se enfocase el tratamiento de una forma más activa en la que el paciente entienda como funcionan los mecanismos de dolor para cambiarla forma en la que interpretamos el dolor. No será un trabajo fácil porque hay muchos paradigmas que cambiar; estamos acostumbrados a que se resuelva todo con medicación o con un tratamiento pasivo y lo importante es empoderar al paciente haciéndole ver que su implicación activa es fundamental para resolver o tratar de mejorar su situación.
Como siempre estamos a tu disposición para aclararte cualquier duda. Acude a nosotros y trataremos de ayudarte.

Y recuerda… “Motion is the best lotion” (el movimiento es la mejor medicina).

Además, os recomendamos que veáis el siguiente vídeo de unos compañeros de la Universidad de Valladolid donde os explican de forma más visible el tema que hemos tratado hoy.

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