En esta segunda entrada sobre el tema del dolor, retomaremos la línea de explicación de la pasada entrada sobre el dolor persistente (que por si no lo has leído, os recomendamos hacerlo previamente).

Habíamos comentado, que el dolor es una experiencia o sensación desagradable que se asocia a un daño real o potencial en un tejido… pero ¿qué quiere decir esto? Es una pregunta con una explicación complicada y que nos desestructura un poco la idea que teníamos o que nos habían enseñado con anterioridad.

Lo que tratamos de explicar ahora es que NO EXISTE RELACIÓN ENTRE DAÑO Y DOLOR. Esto está avalado por la comunidad neurocientífica, donde diferentes estudios evalúan a un número de sujetos asintomáticos que, al realizarles una resonancia de control, se les diagnostica una o más hernias, pero no habían provocado ningún tipo de dolor.

¿Cómo podemos entender esto?

Repito de nuevo que DAÑO NO ES LO MISMO QUE DOLOR.

El dolor que una persona pueda sentir es totalmente individualizado y estará marcado por sus emociones, pensamientos, conocimientos de lo que nos han contado acerca del dolor y el nivel de estrés presente en dicha persona. Muchas veces, desde los profesionales sanitarios se ha informado de manera errónea al paciente haciéndoles creer que todos sus síntomas se deben a hallazgos observados en pruebas de imagen.

El problema viene cuando el individuo sufre una lesión en un momento determinado en el que su entorno intensifica la señal de dolor haciendo que, lo que a priori debe resolverse en un tiempo determinado, se cronifique y dure más en el tiempo. Llegados a ese punto, el cerebro sufre cambios en su estructura y no es capaz de procesar bien toda la información para tratar de resolver el problema.

Problemas derivados

Además, como consecuencia de estos cambios, el individuo puede acabar desarrollando:

  • Catastrofismo: pensamientos negativos
  • Kinesiofobia: miedo al movimiento
  • Alteraciones del control motor: moverse con dificultad
  • Miedo-evitación: miedo a llevar una vida normal y evitar situaciones que no se corresponden con una amenaza.
  • En definitiva, una PÉRDIDA DE LA CALIDAD DE VIDA.

En esta etapa, la medicación puede no llegar a hacer efecto puesto que no existe el adecuado para volver a modificar pensamientos ni emociones de tu cerebro; esto no quiere decir que te inventes el dolor: TU DOLOR ES COMPLETAMENTE REAL.

Lo bueno de nuestro cerebro es que tiene la capacidad de cambiar gracias a la plasticidad cerebral y que, junto a una información y estímulos adecuados, puede llegar a revertir tu situación.

Acércate a Fisiother a preguntarnos sin compromiso y te informaremos sobre como podemos enfrentar esta situación.

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